Una vez más todos los seguidores de Juego de Tronos nos reunimos a disfrutar de un nuevo episodio de la séptima temporada. Se trató del capítulo llamado “Stormborn” en donde las piezas del tablero comienzan a moverse de forma intensa y demoledora.

No sobra decir de esta reseña:

Y comenzamos en Dragonstone, la casa ancestral de los Targaryen, justo donde nos quedamos en el episodio anterior. Daenerys frente al gran mapa de Westeros planea sus movimientos, pero antes, pone al descubierto a Varys. Le dice, y con justa razón, que duda de su lealtad porque esta siempre se ve comprometida por sus propios intereses. A pesar de que Tyrion le pide que recapacite, ella continua interrogando al ambivalente Varys. Este le dice que su lealtad está con el pueblo y que siempre actuará a favor de lo que sea mejor para los desprotegidos, de donde él proviene. Al parecer convence a Daenerys de su lealtad. Pero antes de todo, la gran Khaleesi le deja muy en claro que si la traiciona él arderá en llamas. Sabemos bien, y Varys sabe, que ella, la madre de dragones, no habla a la ligera cuando se trata de fuego.

Varys salva su lugar en ese mundo fantástico poco antes de que le anuncien a Dany que una mujer roja pide audiencia para hablar con ella. Es cuando vemos a Melisandre. Ella le habla sobre su propia historia, sobre su Señor de la Luz y sobre la importancia de reunirse con Jon Snow. También le habla de la amenaza que se encuentra al norte. La reina Daenerys accede hablar con Jon y le dice a Tyrion que le envíe un cuervo al llamado “Rey del Norte” para que se arrodille ante ella.

Ya en Winterfell podemos ver que Jon recibe el cuervo y pronto le aconsejan no ir. Sin embargo, por la confianza que tiene en Tyrion no duda en que debe reunirse con la regente que puede quitar del Trono de Hierro a su gran enemiga, Cersei Lannister. Ya en audiencia con los lores del norte, Jon les hace saber que su amigo Samwell le informó que Dragonstone está instalado justo a una mina del precioso material con el que pueden acabar con los caminantes blancos. A pesar de la resistencia de sus aliados, él les dice que sí desea reunirse con la legendaria madre de dragones. Por supuesto Sansa le recuerda la historia de su abuelo, quien fue a reunirse con el padre de Dany, es decir, el rey loco, y terminó quemado vivo. Aun así, Jon insiste en ir y hace un movimiento que nos recuerda que Sansa será la que quedará a cargo de Winterfell.

Una vez más en Dragonstone, Daenery habla con sus aliadas: Olenna Tyrell, Yara Greyjoy y Ellaria Sand. Las mujeres que controlan el Juego de Tronos. Dany les explica la estrategia que quieren realizar, es decir, sitiar King’s Landing y no destruirla hasta las cenizas. A pesar de la resistencia de las mismas, Tyrion explica que su objetivo de guerra está en Casterly Rock, la casa ancestral de los Lannister, y que ahí es donde se dirigirán los Inmaculados. Las mujeres al frente de sus respectivas casas y ejércitos aceptan. La fuerza naval de Yara irá junto a Ellaria por mar y el ejército de los Tyrell se unirá al sitio de King’s Landing.

Por su parte, Cersei se encuentra haciendo sus propios movimientos y alianzas. Sobre todo ahora que la heredera del depuesto rey loco ha regresado a Westeros. La resistencia de sus lores es mucha pero parece más peligroso a corto plazo ponerse en contra de la reina regente. El propio Jaime pone en claro que no perdonará a aquellos que no se unan a ella. También vimos como su peculiar maestre (o exmaestre) realmente “está trabajando en una solución para los dragones”. Es decir, unas enormes ballestas con las que esperan abatir a los temidos dragones.

Con los objetivos listos vimos cómo las piezas se mueven. También vimos a Arya Stark, quien se dirigía a King’s Landing pero hace parada con su viejo amigo Hot Pie. Él, además de darle pan y cerveza, le da la noticia de que Jon Snow se encuentra a la cabeza de Winterfell. La hermana más querida de Jon cambia de dirección y se dirige al norte. Parece que el amor sí le gana a todo, incluso a la venganza más cruenta.

El final no pudo ser más intenso y desolador, al menos para los que están del lado de Daenerys y Yara. Ya en el mar, la flota de los Hombres de Hierro se dirigían a King’s Landing y, mientras Yara y Ellaria se entienden muy bien, los emboscaron y atacaron otros Hombres de Hierro. Sí, los liderados por el infame Euron. Este y su flota hacieron una masacre; vimos morir a las Serpientes de Arena y cómo Euron se enfrenta a Yara y la vence. Al final la amaga y le dice a Theon que la defienda si quiere, este hace lo mejor que sabe hacer: huir por la borda (literalmente), como el cobarde que es cuando las cosas se ponen feas. Así, lo dejamos flotando en el mar mientras toda la flota de Yara está en llamas.

Será que…

 

Vimos a Samwell intentar una cura para un valeroso personaje que no habíamos visto: Ser Jorah Mormont. Este buen aprediz de maestre, pese a lo que dice el archimaestre, intentará un remedio peligroso que tal vez ponga fin a la enfermedad mortal que invade a Ser Jorah. ¿Será que si lo consigue éste pueda regresar al lado de su querida Khaleesi? Y más importante: ¿Castigarán a Samwell o lo premiarán por haber desobedecido?

¿Será que el entrometido Littlefinger por fin entienda que es un aliado incómodo y que no debe pasearse como si nada en Winterfell luego de sus movimientos extraños y traicioneros con todos los miembros de la familia Stark ahora que conoce los sentimientos de Jon hacia él?

También creímos, como Arya, que había encontrado a su antigua amiga Nymeria. El fantástico lobo huargo que le obsequió su papá en el primer episodio de la saga. ¿Será que en verdad no era ella o es que Arya sí perdió su esencia?

Con el final pudimos darnos cuenta de cuáles serán los regalos que Euron le prometió a Cersei: Ellaria y su hija. ¡Vaya venganza se cocina! ¿Conseguirá Euron la mano de Cersei y lo permitirá Jaime? Por lo pronto nos quedamos con el encuentro más que esperado por todos los seguidores de Juego de Tronos: el de Daenerys con Jon. ¿Será este el motivo que da nombre a toda la saga: Canción de Hielo y Fuego? Ya veremos.